5 de julio de 2011

SABÚ

Cuando el mundo era joven, se llenaban nuestra estantería del famoso turrón de chocolate con almendras. Adviento tras adviento, adquiríamos numerosas tabletas que tupían las baldas de madera, finas y de diseño bastante malo.

Éramos cinco en casa. Celebrábamos el nacimiento de Cristo, algunos años nevó, y para el 6 o 7 de enero nos habíamos terminado el turrón.

Ahora alguien sigue comprando ingentes cantidades cada navidad y colocándolo en la misma alacena, pero algunos de los que aquí éramos han crecido, trabajan, engordan, y no se lo comen.

Y por eso, ahora, en pleno Julio, en la misma estantería, hay un simpático negrito, con su sable, degollando y derritiendo la felicidad de aquellos días de Sabú.

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